07 mayo, 2011

EL MALTRATO DE LOS PROTEGIDOS HACIA SUS PROTECTORES

ARTICULO PUBLICADO EN EL CONFIDENCIAL.COM: ESCOLTAS PRIVADOS DEL PAÍS VASCO REVELAN SU MALTRATO

Al escolta le suena el móvil, para su sorpresa, quien llama es la persona a la que está protegiendo en ese mismo instante, que camina a sólo unos metros de distancia.
Le dice: “cuando entremos en el edificio voy a ir al ascensor,no suba conmigo para no invadir mi espacio vital”. 
Así lo relata a este diario un guardaespaldas en activo. “No fue capaz ni de darse la vuelta para decírmelo a la cara”, declara. 

Este es solo un ejemplo del rosario de actitudes despectivas que sufren los escoltas por parte de aquellos cuyas vidas están protegiendo.

Son reacios a revelar las costumbres de algunos de sus protegidos -no son mayoría, afortunadamente- porque comprenden que es muy difícil vivir amenazado y que cada vez que sales a la calle te sigan dos sombras. 

Pero hay quienes han dicho basta ante los abusos de algunos políticos, empresarios o sindicalistas. La situación más oprobiosa que ha recogido El Confidencial es la de un político vasco al que los escoltas identifican con el mote ‘El maquinero’, porque consume cocaína en el coche de la empresa de seguridad con el escolta al volante.

“Algunos montan en nuestro vehículo a familiares, que no está permitido, o se van con su amiguita de borrachera. Un protegido de San Sebastián quería ir al cine y le apeteció que lo lleváramos a una sala de Vitoria, para estar más cómodo y que no lo reconocieran, o te obligan a coger el coche en plena nevada porque el señor necesita un tóner para la impresora y si va a San Sebastián en vez de comprarlo debajo de casa, se ahorra dos euros”, denuncia un escolta. “Me ha llegado a enviar un sms el protegido diciendo ‘Mañana el taxi a las diez’, como si fuera su chófer”, añade.

Otras veces el escolta va siguiendo el coche de su protegido, “que no para de saltarse semáforos y el límite de velocidad, pero como a él le quitan las multas y no le importa que yo pierda los puntos y el carnet, pues te aguantas”, revela otro guardaespaldas con más de una década de servicio.
“Si denuncias, la empresa te machaca”

Ante estas irregularidades, el escolta puede hacer un informe y entregarlo a la empresa, que lo debe remitir la Consejería de Interior del Gobierno vasco. 

“Nunca toman ninguna medida. De hecho, el Gobierno vasco le dice a los protegidos que hagan lo que les dé la gana con el escolta y que si no les gusta, pidan que se lo cambien por otro”, denuncian las fuentes consultadas que, obviamente, han exigido no publicar su nombre.

“Además, si se te ocurre denunciar estas irregularidades, la empresa te machaca, y si las descubre la Guardia Civil, la culpa es tuya”, exclama con contundencia un empleado de una de las principales empresas del sector.

Las fuentes citadas pertenecen a la seguridad privada. Los escoltas miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado también sufren situaciones similares, pero tienen mayor protección, como funcionarios, para denunciarlas y cambiar de protegido, o cuando menos, no perder el puesto de trabajo. 

La Confederación Española de Policía llegó a pedir oficialmente que le retiraran la protección al ex vicepresidente del Gobierno Francisco Álvarez Cascos, al que acusaban de un trato “humillante” hacia los miembros de su escolta. 

Obligaba a los policías que le seguían a saltarse hasta seis semáforos en rojo o “salía de Madrid en su coche, cogía la A6 y los escoltas terminaban siguiéndolo hasta Oviedo. No se dignaba ni a avisar y cuando los policías llegaban no tenía ni hotel para dormir”, declaran desde el sindicato policial.
Entre escoltas públicos y privados también ha habido roces. 
 
Los primeros califican despectivamente a los segundos como “policías frustrados”. 

Los pertenecientes a la seguridad privada demandan un mayor flujo de información por parte de los cuerpos policiales y apoyo en situaciones de riesgo: “Los escoltas del Estado hacen una llamada en una situación de riesgo y les viene un ejército, nosotros tenemos un problema en la calle y nos las tenemos que arreglar solitos”.

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